Borrando y empezando de nuevo

Al fin se fue el 2006.
Cuando miro atrás y veo todo lo que ha ocurrido en estos largos meses, casi tengo que agarrarme para frenar la sensación de vértigo que me invade. Porque esa es la imagen que me deja este año. Una sucesión de acontecimientos y sensaciones que han hecho que mi vida se tambalee, se estremezca y se rompa en mil pedazos, que desde entonces estoy intentando recomponer con más o menos éxito. Y en ello sigo, buscando y encajando piezas, aunque creo que se me perdieron piezas por el camino o bien aparecieron otras que no encajan en absoluto. Aún trato de descifrar el secreto.
Comencé el año enamorándome y desenamorándome. Enamorándome de quien me rompería el corazón más tarde, y desenamorándome de quien me ayudaría a recomponerlo tras la tragedia. Qué ironías tan increíbles nos depara la vida sin esperarlo. Ese amor-pasión que me volvió loca, que invadió mis sentidos de una forma arrolladora, que devastó mi interior y mi exterior (me hizo adelgazar considerablemente), me arrastró a una terrible montaña rusa sin transiciones, en la que las subidas hasta lo más alto venían inmediatamente seguidas de caídas en picado. Quizás pude pararlo, pero no lo hice. Dejé que este amor respirara a través de mí, llenándome de su poder, transfigurándose en una fuerza que me guiaba y me hacía sentirme segura. Y a la vez no dejaba de llorar por la pérdida, por mi matrimonio hecho pedazos, por hacer un daño irreparable a quien tanto me había amado hasta entonces. Cometí errores, me arriesgué e hice muchas tonterías. De todo eso soy consciente. Pero aún hoy, después de lo pasado, soy incapaz de saber si en mis manos estuvo la posibilidad de pararlo. Quise que sucediera y sucedió. Quise que terminara y se acabó. No fui yo la que empecé la historia, fuimos los dos. Pero sí fui yo la que decidió terminar con el tormento y el éxtasis que literalmente me estaban volviendo loca.
Nunca me gustó compartir mi amor. Podéis llamarme posesiva o celosa. No creo que lo sea. Pero ser consciente de que aquel a quien le entregaba mi amor recién descubierto, el que me hacía temblar con sus besos y sus caricias, también vivía su pasión propia con otra persona (por mucho que él se empeñara en esconderlo), era demasiado para mí. No entiendo el amor de esa manera. No puedo. Lo intenté pero me quedé sin lágrimas. Y por eso se acabó. Yo iba a separarme. Ya vivía sola desde hacía un par de meses. Él ni siquiera se lo planteaba, aunque me decía que su corazón me pertenecía sólo a mí. Casi nunca le creí.
Cuando la historia se acabó tocaba renacer y volver a crecer todo lo que había menguado como persona. Y en esa tarea volví a encontrarme con mi marido. Me tendió la mano como un amigo sin esperar nada a cambio. Me sacó de ese agujero de donde quizás también habría salido sola, pero posiblemente con un esfuerzo mucho mayor. Me escuchó, me aconsejó y me arropó. Me llenó de calor, y me volvió a enseñar a quererme a mí misma. Después de mucho tiempo, volví a tener ganas de hablar con él. Me descubrí a mí misma esperando sus llamadas, sus sms. Disfrutando de su compañía. Añorándole y echándole de menos. Y volví a ilusionarme en un nosotros, en cumplir lo que un día le prometí hace tanto tiempo: para siempre, en lo bueno y en lo malo, podremos con todo si estamos juntos.
Han pasado ya más de seis meses desde que volvimos, y seguimos explorando y andando juntos este camino. Mentiría si dijera que soy inmensamente feliz. Lo soy, pero a veces lloro, a veces me descubro pensando en unos ojos y unos labios equivocados. Sigo atada en cierto modo a la pasión de un recuerdo, pasión que no he logrado recuperar del todo con mi marido. Ese recuerdo sigue tan vivo porque trabajamos juntos, y nos vemos todos los días, si bien nuestra relación ha cambiado tanto que apenas le reconozco. Simples compañeros, ni siquiera amigos ni confidentes. Imposible pedir más a dos amantes clandestinos. Nunca he creído en la amistad después del amor, y menos después de una historia así. Hablamos y reímos, pero la complicidad se escapó por la rendija de nuestro despacho, y no creo que vuelva nunca más.
Por eso me alegra que este año se haya marchado al fin, con sus pasiones y sus tristezas, y de volver a recuperar el control sobre mis decisiones. He crecido. Ahora soy más sabia, pero también más precavida. No creo en el amor-pasión, que se evapora con el tiempo. Prefiero el amor-amistad-complicidad, que se va haciendo cada vez más fuerte, y que te deja respirar y sentir a la vez. Creo que la vida me depara aún muchas sorpresas, y creo en la felicidad diaria de los pequeños momentos.
Siento que se acaba un ciclo, y por ello he decidido borrar la mayor parte de los posts que le dediqué a él. Creo que no se merece esta especie de perpetuación eterna de mis sentimientos colgados en la red. Y quiero pasar página. Quiero empezar 2007 desde el suelo y elevarme poco a poco. Ya no me gustan las montañas rusas.
Feliz 2007 a todos.



Antonio dijo
Hola:
He leido las ultimas historias tuyas, me gustó mucho con la franqueza que lo narras, ademas yo igual vivo ese tipo de pasion, pero al otro lado, porque la persona, con la llevo la relacion no es casada, pero son convivientes, y ademas es joven y yo creo que tiene justificacion por nuestar relacion, aunque no sufuciente. Tu ya llegastes a la conclucion, de no creer en ese tipo de amor pasion, pero la vida nos presenta situaciones como estas, lo bueno es ques tu esposo supo comprederte, pero en el caso mio no lo entiende a ella y por lo cual creo que ellos se separan; te dire que yo no tengo otra relacion paralela con ninguna persona.
BYe y gracias por tus historias, me gusto bastante.
Antonio.
7 Enero 2007 | 07:12 PM