No dejo de sorprenderme cuando pienso en esos pequeños giros inesperados que nos da la vida, golpes de timón que en un momento dado nos lanzan a un nuevo camino que recorrer, con o sin rumbo. En los últimos meses he vivido uno de esos virajes extraños, que parecen recomponer una parte de las piezas de nuestro puzzle particular, a la vez que lo deshacen por otro lado.
He vuelto a trabajar en mi vocación, que por motivos personales tuve que abandonar durante un tiempo, y he vuelto a encontrarme, a sentirme realizada, a despertarme cada día con la ilusión de que me espera un día agotador pero lleno de pequeños momentos mágicos que me hacen sentirme viva. Es como sentir que por una vez, todo vuelve a encajar.
Sin embargo, es curioso que sea en este mismo momento cuando se ha tambaleado la otra parte de mi vida. No logro entender el porqué de estas pequeñas paradojas, la reacción que ciertas personas nos producen cuando creíamos tener nuestras ideas tan claras. De ser gris, mi vida se ha tornado de múltiples matices, que se superponen y se alternan entre sí según el día y las circunstancias.
Felicidad y éxito (siempre relativos)en la parte profesional. Desazón en la sentimental.
Está claro que nunca se puede tener todo.
2 comentarios
Escribe un comentario
« Mis alas | Inicio | una tarde cualquiera »

Seguro que también te llega esa parte de felicidad y éxito en el terreno sentimental, tú te lo mereces.
Un besote.
Eso de que nunca se puede tener todo no es cierto. No es más que un engaño conformista con el que nos consolamos de nuestras desdichas.
Hay quien no tiene (casi) nada y hay quien lo tiene (casi) todo. Sí: es injusto; pero ¿quién dijo que la vida era justa?
Hay un viejo proverbio zen que reza:
"Si no tienes lo que deseas, sufres porque no lo tienes. Si tienes lo que deseas, sufres por el temor de perderlo. Si pierdes lo que deseas, sufres por haberlo perdido. Lo mejor es no desear nada".
Como no solemos ser lo suficientemente fuertes como para permitirnos tal grado de renuncia, bien haríamos en aprender a disfrutar de lo que tenemos, sin vivir ansiosamente prendidos por lo que no tenemos. Una humilde enseñanza que nos cuesta demasiado aprender...