Categoría: Mi aventura personal
6 Enero 2007

Al fin se fue el 2006.
Cuando miro atrás y veo todo lo que ha ocurrido en estos largos meses, casi tengo que agarrarme para frenar la sensación de vértigo que me invade. Porque esa es la imagen que me deja este año. Una sucesión de acontecimientos y sensaciones que han hecho que mi vida se tambalee, se estremezca y se rompa en mil pedazos, que desde entonces estoy intentando recomponer con más o menos éxito. Y en ello sigo, buscando y encajando piezas, aunque creo que se me perdieron piezas por el camino o bien aparecieron otras que no encajan en absoluto. Aún trato de descifrar el secreto.
Comencé el año enamorándome y desenamorándome. Enamorándome de quien me rompería el corazón más tarde, y desenamorándome de quien me ayudaría a recomponerlo tras la tragedia. Qué ironías tan increíbles nos depara la vida sin esperarlo. Ese amor-pasión que me volvió loca, que invadió mis sentidos de una forma arrolladora, que devastó mi interior y mi exterior (me hizo adelgazar considerablemente), me arrastró a una terrible montaña rusa sin transiciones, en la que las subidas hasta lo más alto venían inmediatamente seguidas de caídas en picado. Quizás pude pararlo, pero no lo hice. Dejé que este amor respirara a través de mí, llenándome de su poder, transfigurándose en una fuerza que me guiaba y me hacía sentirme segura. Y a la vez no dejaba de llorar por la pérdida, por mi matrimonio hecho pedazos, por hacer un daño irreparable a quien tanto me había amado hasta entonces. Cometí errores, me arriesgué e hice muchas tonterías. De todo eso soy consciente. Pero aún hoy, después de lo pasado, soy incapaz de saber si en mis manos estuvo la posibilidad de pararlo. Quise que sucediera y sucedió. Quise que terminara y se acabó. No fui yo la que empecé la historia, fuimos los dos. Pero sí fui yo la que decidió terminar con el tormento y el éxtasis que literalmente me estaban volviendo loca.
Nunca me gustó compartir mi amor. Podéis llamarme posesiva o celosa. No creo que lo sea. Pero ser consciente de que aquel a quien le entregaba mi amor recién descubierto, el que me hacía temblar con sus besos y sus caricias, también vivía su pasión propia con otra persona (por mucho que él se empeñara en esconderlo), era demasiado para mí. No entiendo el amor de esa manera. No puedo. Lo intenté pero me quedé sin lágrimas. Y por eso se acabó. Yo iba a separarme. Ya vivía sola desde hacía un par de meses. Él ni siquiera se lo planteaba, aunque me decía que su corazón me pertenecía sólo a mí. Casi nunca le creí.
Cuando la historia se acabó tocaba renacer y volver a crecer todo lo que había menguado como persona. Y en esa tarea volví a encontrarme con mi marido. Me tendió la mano como un amigo sin esperar nada a cambio. Me sacó de ese agujero de donde quizás también habría salido sola, pero posiblemente con un esfuerzo mucho mayor. Me escuchó, me aconsejó y me arropó. Me llenó de calor, y me volvió a enseñar a quererme a mí misma. Después de mucho tiempo, volví a tener ganas de hablar con él. Me descubrí a mí misma esperando sus llamadas, sus sms. Disfrutando de su compañía. Añorándole y echándole de menos. Y volví a ilusionarme en un nosotros, en cumplir lo que un día le prometí hace tanto tiempo: para siempre, en lo bueno y en lo malo, podremos con todo si estamos juntos.
Han pasado ya más de seis meses desde que volvimos, y seguimos explorando y andando juntos este camino. Mentiría si dijera que soy inmensamente feliz. Lo soy, pero a veces lloro, a veces me descubro pensando en unos ojos y unos labios equivocados. Sigo atada en cierto modo a la pasión de un recuerdo, pasión que no he logrado recuperar del todo con mi marido. Ese recuerdo sigue tan vivo porque trabajamos juntos, y nos vemos todos los días, si bien nuestra relación ha cambiado tanto que apenas le reconozco. Simples compañeros, ni siquiera amigos ni confidentes. Imposible pedir más a dos amantes clandestinos. Nunca he creído en la amistad después del amor, y menos después de una historia así. Hablamos y reímos, pero la complicidad se escapó por la rendija de nuestro despacho, y no creo que vuelva nunca más.
Por eso me alegra que este año se haya marchado al fin, con sus pasiones y sus tristezas, y de volver a recuperar el control sobre mis decisiones. He crecido. Ahora soy más sabia, pero también más precavida. No creo en el amor-pasión, que se evapora con el tiempo. Prefiero el amor-amistad-complicidad, que se va haciendo cada vez más fuerte, y que te deja respirar y sentir a la vez. Creo que la vida me depara aún muchas sorpresas, y creo en la felicidad diaria de los pequeños momentos.
Siento que se acaba un ciclo, y por ello he decidido borrar la mayor parte de los posts que le dediqué a él. Creo que no se merece esta especie de perpetuación eterna de mis sentimientos colgados en la red. Y quiero pasar página. Quiero empezar 2007 desde el suelo y elevarme poco a poco. Ya no me gustan las montañas rusas.
Feliz 2007 a todos.
servido por eternaindecisa
7 comentarios
compártelo
10 Noviembre 2006

Tengo ciclos de tristeza. Hoy me he dado cuenta de que se está convirtiendo en algo habitual, periódico, y me resisto a aceptarlo, porque no creo tener motivos para sentirme así.
Me ocurre cada dos semanas más o menos. De repente, después de días de una vida más o menos alegre y estresante, empiezo a sentir la misma sensación. Es como una punzada de dolor, un dolor que se hace cada vez más profundo, y que me agujerea el corazón y el alma, escarbando hacia dentro. Llega un momento en que tengo que echarlo hacia fuera, siento la necesidad de deshacerme en lágrimas por unas horas, hasta alejar esa horrible angustia que casi no me deja respirar. Y después todo vuelve a su sitio, todo vuelve a encajar, y la vida parece volver a su cauce, al menos durante otro par de semanas.
No sé por qué me ocurre. Mi matrimonio sigue sin ir como debería, aunque ambos nos empeñamos en hacerlo funcionar, y por ahora sé que quiero continuar intentándolo. En el trabajo -que me encanta, gracias a Dios, porque no sé qué sería de mí si mi trabajo no me gustase- el ambiente sigue siendo extraño, no sólo por su presencia, sino por otras razones que hacen que mi vida se parezca cada vez más a la serie de Anatomía de Grey (y eso que no soy médico). Me identifico con Meredith, no puedo evitarlo. Arrastro esa tristeza en mi interior desde hace tiempo, aunque me empeño en no dejarme llevar por ella. Soy demasiado cabezota.
Sigo sin saber muy bien por dónde tirar. Y hay días, como hoy, en que verdaderamente me faltan las fuerzas. Pero mañana será otro día.
Y volveré a sonreír.
servido por eternaindecisa
8 comentarios
compártelo
13 Septiembre 2006

Hoy me he dejado caer por aquí sólo un instante, porque me apetecía daros las gracias a todos los que alguna vez habéis añadido un comentario a mi blog. Por vuestra comprensión y vuestro apoyo. Porque cuando una se siente triste recibir las sonrisas y el cariño de otras personas es un acto mágico y reconfortante. Y porque muchas de vuestras palabras son tan sabias que me ayudan a seguir buscando y seguir avanzando en mi camino.
Por todo ello, gracias a todos. Y especialmente a mi tocaya de los ojos de niña y a mi 365-días de reflexión, porque me habéis guiado en la oscuridad más de lo que creéis.
Un besazo de esta eternaindecisa que, afortunadamente, cada vez lo tiene más claro :-)
servido por eternaindecisa
5 comentarios
compártelo
11 Septiembre 2006
Hoy me siento decepcionada. He perdido un amigo, sin saber muy bien porqué. Creí que aunque no pudiéramos estar juntos, seguiría habiendo un vínculo especial entre nosotros, una confianza mutua que nada ni nadie podría romper. Un interés por cuidarnos en cierto modo e intentar no hacernos daño.
En los últimos días he descubierto que era yo la única que lo sentía así. En los últimos días su actitud y sus palabras me han decepcionado por momentos. Comienzo a dudar que alguna vez sintiera algo por mí. Y es muy triste constatar que han jugado con tus sentimientos.
Es un sentimiento extraño este de la decepción. Tristeza por haber confiado y perdido; alivio por haberme alejado a tiempo.
Y orgullo por la decisión que tomé. Hoy más que nunca.
servido por eternaindecisa
21 comentarios
compártelo
3 Septiembre 2006

Hoy habría deseado ver la lluvia.
Cuando era pequeña pensaba que las cosas siempre me iban a salir bien. Imaginaba un príncipe azul que sería a la vez mi mejor amigo, un amor para toda la vida con el que compartiría buenos y malos momentos. Todo se me antojaba posible, sólo tenía que escoger bien, escuchar a mi corazón. Por ello dejé a mi primer novio después de varios años. Siempre buscándole a él...
Creí haberle encontrado cuando le conocí y me casé con él. Creí haber recuperado la ilusión por lo nuestro estos dulces días de verano. Pero la realidad es que hoy, incluso después de todo lo que ha pasado, sigo sin saber de verdad qué es lo que quiero.
He vuelto a verle. No es que me haya dado un vuelco el corazón, pero sigue sin serme completamente indiferente. A pesar del daño que me ha hecho, a pesar de este largo paréntesis de tranquilidad...
Qué ganas tengo de ver la lluvia.
servido por eternaindecisa
3 comentarios
compártelo
31 Agosto 2006

Termina el verano, ahora ya sí, los días de descanso se consumen... Hay que volver a la rutina, al trabajo, volver a un entorno que me asusta en cierto modo. Tendré que verle, y hablar con él. Y siento algo de miedo. Miedo a que la paz y el sosiego encontrados este verano se vean alterados. Miedo a no ser consecuente.
Si consigo que este miedo desaparezca, para siempre, habré ganado...por ahora.
servido por eternaindecisa
4 comentarios
compártelo
20 Agosto 2006

Estos días de vacaciones han sido como un bálsamo. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien, tan llena de fuerza y tan viva. Un viaje con unos amigos por aquí cerquita, en España, y otro con mi pareja al otro lado del Atlántico me han hecho volar con mis propias alas, volver a ser la persona que era antes, capaz de disfrutar de cada momento feliz, de cada instante de belleza que tengo la fortuna de vivir...
Las piezas están encajando. Cada vez hay menos grietas en mi camino, y más ilusiones por delante. Espero que todo esto no sea un espejismo veraniego que se disipe cuando caigan las hojas en otoño. Quiero seguir sintiendo esta paz y esta alegría más allá de las próximas semanas, quiero hacer desaparecer de una vez y para siempre las dudas que me atormentaban, que ahora parecen tan lejanas...
Ilusión, sentía que no la recuperaría nunca. Qué verdad es la que dice que el tiempo lo acaba curando todo. Sólo hace falta esperar un poco, y no dejar de luchar nunca por ser feliz. Porque nos lo merecemos.
servido por eternaindecisa
3 comentarios
compártelo
23 Julio 2006

Ayer me dormí entre lágrimas, perdida entre recuerdos de historias inacabadas. Sintiéndome sola, harta de girar en torno al mismo punto durante meses, sintiendo que llevo demasiado tiempo engañándome a mí misma...
Desperté con otra luz en los ojos. Puede que no esté sola. Puede que haya dejado de dar vueltas y haya emprendido ya la marcha hacia un punto determinado, aunque mis pies tropiecen en todo momento con las piedras que dificultan mi camino. No es tan fácil como pensaba. Pero sigo dispuesta a intentarlo.
Nos hemos alejado demasiado. Los sentimientos que compartíamos han ido cambiando a lo largo de estos años. Pero le sigo queriendo, sigo amando su forma de ser, sus palabras, su lealtad extrema, su manera de tranquilizarme y hacerme pensar que todo va a salir bien... Sigue siendo mi mejor amigo.
Es nuestra faceta de amantes la que más sufrió. Todavía nos cuesta acercarnos, romper el hielo que se instaló en nuestras manos por todo lo acontecido. Mi cuerpo aún se estremece al recordar otros labios, y otras caricias, que me han hecho más daño que bien, que me han marcado en lo más profundo.
Mi amigo y mi amante en una misma persona, tal como lo fue durante mucho tiempo, cuando prometimos amarnos para siempre, casi desde el mismo día que nos conocimos...
¿Por qué es tan difícil recuperar algo que un día estuvo tan vivo? ¿Por qué es tan difícil reemprender el camino?
servido por eternaindecisa
8 comentarios
compártelo